A él le daban miedo las abuelas.
Pensaba en las pisadas enormes
como rocas
y le parecían gigantes con pañuelos en la cabeza
que lo iban a devorar.
Es que una mató a un hombre
como escuchó él contar...
Y entonces le parecia que eran invencibles
misteriosas
como las noches.
Después supo que al que aquella abuela
había matado
le gustaba robar chiquilines
que eran nietos de otras abuelas
y llevarlos a escondidas
y dejarlos llorando, llenos de miedo.
Y entonces se le fué el miedo
convertido así
en ganas.
Ganas de haber tenido
tiempo
con una abuela
que seguramente había tenido
pero nunca
conociera.