A veces me invade un olor
a Montevideo
como si estuviera guardado
en mis bodegas.
Como si hiciera parte de las células
calladas
y escondidas
de mi cerebro.
Entonces camino
por mis rincones,
enciendo estufas
escucho el mar.
Me invaden trenes
y un cielo azul casi pastel
de esos que nadie
puede pintar.
Es como un suelo
indescriptible
suelo
que entero se lleva
dentro de uno
casi raíz
o yugular.
sábado, 16 de outubro de 2010
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